CARNE Y PIEDRA: un encuentro posible?

Carne: orgánica, débil, siente, sufre, se estremece, se altera, vibra, responde, pide, se desgasta, se pudre.

Piedra: inorgánica, dura, perdura, quieta, sólida (en apariencia), no siente (?), está.

METAL: EL ELEMENTO DE CARNE Y PIEDRA

Los antiguos taoistas, al otorgarles correspondencias inspiradas por la naturaleza a los elementos que nos constituyen, tanto física como animicamente, imaginaron o percibieron en el ser humano la presencia del elemento Metal. Dónde, cómo, y porqué?

En ese elemento, según sus definiciones tradicionales, coexisten aspectos de carne y de piedra. Carne, porque se relaciona con nuestros instintos, con el olfato y el tacto que nos guían hacia la salud, indicándonos lo que podemos respirar y comer, lo que podemos tocar, sin dañar nuestro organismo y a la vez proporcionándonos caminos hacia el placer carnal. Piedra porque representa lo sólido, las estructuras, lo que perdura en el tiempo.

El metal, mineral como la piedra, tiene ciertas particularidades que lo caracterizan, comparables a las propiedades de una roca o piedra. Según las definiciones de la medicina Oriental, si nos bloqueamos en el elemento Metal, nos cuesta respirar, nos cuesta también soltar, eliminar, tanto las toxinas que se acumulan en nuestro organismo, como los apegos que intoxican nuestro ser, las estructuras obsoletas que nos limitan y nos impiden avanzar. Tendemos a formar piedras, en la vesícula, en los riñones, o bajo forma de coágulos, furúnculos, quistes.

En otras palabras, lo que tendría que ser liviano, fluido, móvil, se vuelve pesado, rígido, concentrado. El típico desequilibrio de Metal se manifiesta sicológicamente en baja autoestima, desconexión del entorno, apegos. Al prolongarse en el tiempo engendra una actitud tan ensimismada, que el individuo termina aislado, privado del intercambio con su medio ambiente y con sus pares, cortada la comunicación, los hombros cerrados y “congelados”, el corazón duro, como una piedra.

El individuo cuyo elemento Metal predomina, tiende a sufrir de melancolía, de tristeza, ya que la vida no es “de piedra”, todo es efímero. Este sufrimiento es común a toda la humanidad, pero afecta sin duda más a algunos seres, que no logran despegarse esa nostalgia característica de encima. Una respuesta para ponerle freno al sufrimiento: endurecer la caja torácica, cortar el fluir de la respiración. Transformar en piedra lo que tendría que poder abrirse y cerrarse, eligiendo el modo cerrado porque en el abrir y el sentir hay demasiado dolor.

Sin embargo, por más que la salud y la vida exigen flexibilidad, movilidad, fluidez, también son necesarias las estructuras sobre las cuales apoyarnos, la regularidad de los ritmos, como los ciclos de la respiración, estructuras y ritmos sobre el cual nos podamos contar para sintonizarnos con el movimiento. Para no caer en el caos, el ser humano construye constantemente, edificios, estructuras, leyes, reglas. El elemento Metal nos da este poder, y el rigor necesario para la organización del movimiento y del intercambio ordenados. Exige cumplimiento, honestidad. Donde falta, sea en una sociedad o una persona, aparece la corrupción, algo se desnaturaliza, pierde su pureza y se convierte en carne, siempre amenazada por la putrefacción. Los edificios de piedra se mantienen intactos con el correr del tiempo… Ahí nuestro desafío es construirnos firmes y sólidos, sin que estas piedras nos impidan respirar, remodelarnos cada vez que lo necesitemos.

Ojo, también, existen las piedras y los metales preciosos, que simbolizan lo más valioso. Ya que la carne tiene “vencimiento”, podríamos valorar en nuestra vida lo que se mantiene, como el oro del alquimista. Apreciar el valor de lo que no depende sólo de las circunstancias del presente, buscando más allá de lo que se desvanece, encontrando el “oro” verdadero fuera del reino material. Un elemento Metal sano se traduce por la predominancia de valores éticos, espirituales por sobre los valores materiales y egocéntricos.

De forma paradojal, coexistan dentro de la filosofía y la visión oriental las asociaciones más opuestas en apariencia, y el elemento Metal, responsable del intercambio, corresponde también a la piel. La piel, asociada en nuestras culturas a la carne, órgano sensible, altamente inervado, brindando información, comunicación y protección. La piel que cubrimos para protegerla, y descubrimos en la intimidad para acerarnos a unos a otros.

Sensibilidad a flor de piel… Dentro de las terapias cuya herramienta principal es el tacto, algunas utilizan la piel como medio de comunicación con el ser y la piedra como herramienta para llegar a la piel. Las tradiciones de varios pueblos originarios de Norte América, han aprovechado las piedras lisas de los ríos, calentándolas para realizar un masaje, para estimular la piel, deshaciendo los nudos de la carne, aportando una relajación profunda al cuerpo.

Un mito relatado por el autor francés Patrick van Eersel en su libro “le cinquieme reve” (el quinto sueño) cuenta que la Piedra tuvo un sueño… soñó con ser Arbol. El Arbol a su vez, soñó con ser Gusano. El Gusano con ser Aguíla, y el Aguíla con ser Ballena. La Ballena soñó… con ser Humana. Somos un sueño, dentro de otros sueños… Originalmente soñados por las piedras, condicionados por la carne, intentamos equilibrar nuestro Metal, un proceso que nos lleva toda la vida…