Ohashi, maestro de shiatsu, artista del yin y del yang


Hace algo más de treinta años Ohashi, joven terapeuta de shiatsu Japonés recién desembarcado a EEUU, solo en un cuartito perdido en el medio de la desafiante ciudad de New York, contemplaba con desconsuelo sus opciones para sobrevivir y redactó una lista de sus problemas : - siendo Oriental, una gran dificultad para adaptarse a las costumbres y las normas vigentes en Estados Unidos, además de su apariencia, propia de los hombres oriundos de Japón, baja estatura, huesos menudos, ojos rasgados – su pobreza absoluta, ningún recurso a su alcance y pocas perspectivas de encontrar un trabajo por su mal manejo del idioma inglés – su soledad, ningún apoyo familiar ni siquiera una red solidaria de parientes lejanos o nuevos amigos, nadie a quien recurrir para pedir consejo o ayuda.

Hoy en día el mismo Ohashi es el maestro de shiatsu más renombrado internacionalmente, cuyos libros se traducen a varios idiomas, cuyas escuelas florecen en varios puntos del planeta, quien incansablemente difunde su filosofía de vida junto con su arte. Qué aconteció? Fue la suerte que lo tocó con su varita mágica y lo elevó de aquella soledad anónima al renombre y al éxito?

Ohashi cuenta en su libro de diagnóstico Oriental “Cómo leer el cuerpo” que después de otorgarse un tiempo para la autocompasión, la desesperación y la queja, volvió a leer su lista de problemas y retomando cada uno de los ítems se dio cuenta del potencial contenido en ellos. Como Oriental, tenía la ventaja de poder acercar los elementos de su propia cultura a los Occidentales, quienes iban a tener fe en su autenticidad. Siendo tan pobre, sólo podía mejorar su situación económica. Al no tener un dominio suficiente del idioma, podía ignorar los comentarios de los demás acerca de su persona, siendo entonces más libre para seguir su propio camino sin sentirse ofendido o condicionado por otros. Al estar solo, estaba lejos de las presiones del medio familiar, de las expectativas de su sociedad.

Una de las enseñanzas de la medicina tradicional China que le gusta recalcar a Ohashi demuestra cómo las aparentes debilidades se pueden convertir en fortalezas y cómo de la fortaleza surge potencialmente la debilidad. Ilustrando esa verdad con su propia trayectoria, Ohashi explica además su validez en el ámbito de la salud. Quien nació frágil aprende a cuidarse a temprana edad y evita los excesos que son fatales para su organismo. Quién al contrario goza de una vitalidad y una salud más notorias en su juventud corre el riesgo de desgastarse y contratar más fácilmente hábitos nocivos ya que sus consecuencias no se hacen sentir en lo inmediato.

Con este punto de partida salió adelante, desplegó su enorme capacidad creativa y didáctica, acercando conocimientos de la tradición médica y filosófica Oriental al público Occidental. Fiel al significado de los ideogramas que componen su apellido O: grande y Hashi: puente y su nombre de pila: Wataru: cruzar, este hombre de 64 años transmite con humor y frescura grandes verdades que ayudan a crecer en la búsqueda de sabiduría y salud. Pone al alcance de todos aplicándolos a ejemplos de la vida cotidiana algunos de los conceptos más importantes de la cosmovisión de los antiguos sabios taoistas.

Admirador de todas las realizaciones humanas, que sean de orden artístico, técnico, ecónomico, a escala personal o mundial, Ohashi muestra la curiosidad intacta de un niño frente a todo lo nuevo. Lejos de rechazar la tecnología, es un utilizador entusiasta de Internet y You-tube y manifiesta orgullo y satisfacción por estar creando un sistema de red de terapeutas de shiatsu en el mundo entero, que permitirá a cualquier persona desde casi cualquier punto del planeta pedir los datos de un/a terapeuta recomendada por Ohashi y los instructores de su método para recibir una sesión. Como lo expresa en un inglés muy sui generis: a medida que crece “technology”, crece también la demanda de “touchology”, la ciencia del tocar, de la cual el shiatsu es la vertiente japonesa.

Lejos de la solemnidad habitual en los hombres importantes de su cultura natal,

Ohashi comparte sus enseñanzas desde el humor, aplicado inclusive a su propia persona. Se divierte y divierte aún más a sus alumnos con sus imitaciones, fruto de un agudo sentido de observación. Imita a los batallones de turistas japoneses que sacan una foto tras otra, a los bailarines clásicos que constituyen parte de su clientela más fiel en Nueva York, a otros artistas del escenario, a sus alumnos más torpes cuando quieren aplicar las presiones que se ejercen durante la sesión de shiatsu desde la fuerza de sus músculos en lugar de hacerlo desde su hara, centro de gravedad ubicado en la zona abdominal.

Verdadero maestro del hara, Ohashi cautiva a la hora de realizar demostraciones como terapeuta de shiatsu. Sin el menor esfuerzo físico maneja cuerpos mucho más pesados y voluminosos que el propio, se mueve con tal fluidez y agilidad que cuesta creer que de verdad tiene más de sesenta años y quienes tuvieron la suerte de pasar por sus manos conocen la profundidad y la delicadeza de su toque. Como lo dijo Masunaga, su propio maestro, el creador del zen shiatsu, al definir las cualidades ideales del terapeuta de shiatsu, integra la fortaleza del samurai con la fineza de la geisha.

A través de su libro de diagnóstico Oriental y de los seminarios que imparte sobre el mismo tema, Ohashi enseña a relacionar las formas externas (rostro, cuerpo) con capacidades innatas, emociones y vivencias pasadas que a su vez pueden indicar tendencias futuras. La culminación del seminario de diagnóstico es la lectura del calzado, durante la cual Ohashi pide a un participante que elija entre los zapatos de los 50 a 100 alumnos presentes (el shiatsu se practica descalzo) tres pares para que él los “lea”. A partir del estilo del calzado, de su desgaste en la suela, en la forma de la horma, y de diferentes indicios quizás conocidos por él solo, Ohashi revela aspectos del dueño de los zapatos que van de los hábitos alimenticios, las debilidades orgánicas, al modo de vida, el carácter y las costumbres personales. Acierta inclusive en detalles tan íntimos que sólo el dueño del calzado o su pareja pueden conocerlos…

Ohashi - quien pide que no se agregue el título honorífico “sensei” o maestro a su nombre- enseña a través de su humildad, su buen talante, su capacidad de estar atento a lo pequeño, de reconocer a cada uno. En 2006, en la tercera oportunidad en la cual la escuela Shiatsunuad organizó un seminario con Ohashi en Buenos Aires, al ver una alumna que conocía de años anteriores, le dijo divertido “Ah, cambiaste el peinado!” Ella, feliz, asintió y confesó que ni su marido reparaba en ese tipo de cambios…Transmite grandes verdades, creó una red gigante de terapeutas y alumnos y sin embargo es capaz de pararse frente a un poste de luz de una calle porteña y pedirme que le traduzca cada uno de los pequeños avisos pegados al poste que ofrecen clase de inglés (¡!), tarot, albañilería integral o paseadores de perros.

Por su pequeñez y su grandeza, su capacidad de ver en cada cosa el germen de su opuesto complementario y por la manera en la cual nos inspira a todos, estoy muy agradecida de poder año tras año compartir con todos los alumnos y terapeutas de shiatsu u otras terapias corporales y energéticas la presencia de Ohashi.

Valerie Gaillard